Los habitantes de la calle, o del río, parcelan las orillas. A la altura de los puentes de la Cervecería (Calle 8), Ortiz (CAM) y de la Torre de Cali, son más los que conviven con perros y su pobreza que el agua con la que se intentan bañar y vivir. Un olor a pescado descompuesto contrasta con la urbe que lo circunda.
Bajo el puente del Ferrocarril, frente al semáforo de la Calle 26 que lleva al Terminal de Transportes, Manuel Rojas sale con un balde de agua en hombros. Él es una de las 15 personas que se rebuscan la vida sacándole el poco líquido ya gris oscuro al río agonizante. Cada uno lava de 12 a 15 taxis al día, a $2.000 cada uno.
Al barrio Berlín, Calle 31 con Carrera 5 Norte, el afluente llega libre de desperdicios visibles, pero su color verduzco oscuro delata su alta descomposición.
El presidente de la Junta de Acción Local, JAL, del barrio La Isla, Adalberto Vásquez, reclama que el Municipio quite “esa chatarrería o basurero camuflado que es un foco contaminante del río”, dice señalando la otra base de Emsirva.
Se refiere al llamado ‘Parque del Lobo’, porque allí la Secretaría de Gobierno almacena las vallas y demás decomisos por contaminación visual. Y Bienes e Inmuebles guarda vehículos en desuso y otros. Un funcionario que reservó su identidad admitió: “Sí, nosotros debimos desocupar esto hace cuatro meses, pero ya nos están buscando otra bodega para irnos”.
Extraido de ElPais.com.co
Muchas empresas contaminan indiscriminadamente, sin ningna responsabilidad social.
Muchas empresas contaminan indiscriminadamente, sin ningna responsabilidad social.


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